Extrema-derecha: la ascensión de la violencia discursiva en Europa

La extrema-derecha asciende en Europa y, con ella, el debate sobre los límites entre la libertad de expresión y la violencia discursiva, que incita a la acción violenta. Hay, en todo el continente  y en el Parlamento Europeo, cada vez más representatividad a políticas de nacionalismo extremado, xenófobas e incluso “islamofobas”.

En su libro, Londonistan: How Britain is creating a Terror State Within, Mellanie Phillips supone un peligro inherente en lo que llama de la transformación del Reino Unido en el “epicentro de la militancia Islámica en Europa” , y hace una conexión directa preocupante entre el Islam y el terrorismo. Ya en Alemania, Thilo Sarrazin publicó un libro sobre la “culpa” de los islámicos en la disminución de la cultura alemana, un ejemplo de teses infelices acerca de la “inferioridad islámica” y del fallo de la “multiculturalidad”.

Movimientos como la English Defense League (EDL, Liga de Defensa Inglesa) describen a sus miembros como “personas patrióticas decentes”, hartas del Islamismo y de la “falta de espíritu” del Gobierno británico para lidiar con la inmigración. Es apoyada por el British Freedom Party (Partido de Libertad Británica), que propone la restricción de las políticas inmigratorias, poniendo “ciudadanos británicos en primer lugar”.

La mayor representatividad de la extrema-derecha torna políticamente onerosa la prohibición de su discurso, sobre todo porque su defensa se basa, de forma superficial, en el derecho a la libertad de expresión. Todavía, no es difícil demostrar cuando supone ideas violentas, hechas instrumentos para grupos o individuos ya movilizados, como Anders B. Beivik, radical de derecha que disparó contra 69 personas en Oslo. Son importantes la responsabilidad y los roles de los líderes que vehiculan discursos violentos, catalisadores de la movilización y legitimadores de acciones violentas.

Por otro lado, la prohibición del discurso de extrema-derecha tampoco resulta eficaz: puede causar la sensación de represión o la victimización del grupo, provocando una escalada de la violencia – como demuestra un estudio de la Universidad Ludwig-Maximilians, de Alemania – y no trata las cuestiones de base. El debate público cualitativo es más constructivo que la prohibición; ya se inicia con compromisos asumidos por muchos partidos contra la violencia y el odio racial en resoluciones del Parlamento Europeo y en la “Carta de los Partidos Políticos Europeos por una Sociedad no Racista”.

Una interpretación más detallada del discurso político y social es necesaria para regulaciones más específicas, o para establecerse diferencias claras entre la ideología y la legitimación de la violencia. La preocupación con los costes políticos causa la limitación del debate; le torna simplista en una época de mayor complejidad y violencia. Por otro lado, posibilitar la participación en debates ya iniciados favorece la comprensión y la desescalada de la violencia, incluso la discursiva.

Anúncios

Deixe um comentário

Preencha os seus dados abaixo ou clique em um ícone para log in:

Logotipo do WordPress.com

Você está comentando utilizando sua conta WordPress.com. Sair / Alterar )

Imagem do Twitter

Você está comentando utilizando sua conta Twitter. Sair / Alterar )

Foto do Facebook

Você está comentando utilizando sua conta Facebook. Sair / Alterar )

Foto do Google+

Você está comentando utilizando sua conta Google+. Sair / Alterar )

Conectando a %s